Hilario Villalvilla Asenjo, el Quijote de los caminos

Hilario es provocación, extravagancia, pero sobre todo constancia. Puede ser educado y dulce, utilizando giros y vocablos entre aquí y allá, heredados de su larga estancia en América. Aunque también es rompedor y un auténtico alborotador. Paseándose con su carro arriba y abajo y envuelto en su pendón de Castilla, ha sido capaz de enervar a caciques que cortan caminos públicos y a alcaldes que lo permiten.

Fuente: Revista Madrid Ecologista

 

Hilario, luchador incansable por los caminos públicosPero ha ido más lejos, consiguió alterar al flemático Federico Ramos – entonces Director General del Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid y actual Secretario de Estado del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente- cuando presidiendo un pleno del Patronato de Vías Pecuarias, Hilario se negó a retirar de la mesa –y bien colocado a la vista de todos- el libro dedicado a Esperanza Aguirre, titulado La LidereS.A. Una obra muy crítica y dura con su forma de hacer política.

Hilario comenzó su andadura ecologista siendo un adolescente. Desde entonces ha estado ahí. Se ha convertido en un referente nacional en la defensa de las vías pecuarias y de los caminos públicos. Los caminos pueden llegar a ser fascinantes y metafóricos entre el pasado, el presente y el futuro. Hilario está tocado por esa magia. Su irreverencia con quien provoca la injusticia y su caballerosidad y dedicación para quienes reclaman su ayuda, nos hacen ver en él a un nuevo Don Quijote.Para recordar sus inicios, Hilario, llega cargado de ejemplares de las antiguas revistas Encina, Bellota, Planeta Verde que editaba Aepden y de Hiedra, el boletín de Aedenat. Recuerda que se escribían a máquina y se fotocopiaban. Hoy echa de menos a dos grandes amigos, Ladis y Ramón.

¿Qué te movió a unirte a una asociación ecologista?
Eran los inicios de la democracia. El periódico El País acababa de salir y publicaba bastantes artículos sobre ecología. Leí una noticia en la que se anunciaba la posible apertura al público del monte de El Pardo. Aepden (Asociación para el Estudio y la Defensa de la Naturaleza) alertaba del riesgo que esa decisión podría suponer para la conservación del espacio natural. Este asunto me preocupaba, así que me fui a verlos, me asocié y comencé a ir a las reuniones. Tenía 17 años. Desde entonces, ahí he estado.

Pero entonces ¿ya tenías una cierta inquietud por el medio ambiente?
Sí, la responsable fue mi madre. Con 12 años me inscribió en los boys scouts. En esa época era un reducto de izquierdas. Me abrieron los ojos, me enseñaron a ver el medio natural de otra manera y además despertó mi conciencia política. De hecho, cuando entré en Aepden, en cierta forma fue una desilusión. Pasaba el tiempo y sólo se hablaba de naturaleza, fauna, flora. Notaba que me faltaba algo. Pensaba que la ecología debía ser algo más. Yo reflexionada sobre mi situación, soy trabajador, soy gay… Tenía problemas a los que la ecología no me daba respuesta. Entonces entraron Ladis y sus amigos y fue como una bocanada de aire fresco. Empezamos a trabajar sobre energía nuclear, guerra, mujer, ordenación del territorio, etc. Entonces me sentí más a gusto en la asociación. Por el contrario, otras personas prefirieron seguir tratando sólo temas de naturaleza. Esa fue la razón por la que Aepden se escindió. Quienes tenían un concepto de la ecología más global, incluyendo cuestiones sociales, se fueron y crearon Aedenat (Asociación Ecologista de Defensa de la Naturaleza), mientras que los más naturalistas siguieron en Aepden. Yo me integré en Aedenat, una de las asociaciones que a finales de los años noventa promovieron la constitución de Ecologistas en Acción.

¿Qué diferencias encuentras entre el ecologismo de tus inicios y el actual?
Antes se trabajaba más con el corazón y así no se puede funcionar. En eso Ladis tenía razón. A mí me enseñó mu-cho. Hacía hincapié en la necesidad de trabajar con inteligencia, de realizar análisis rigurosos y contar con apoyo técnico y científico. Pero poco a poco hemos ido cambiando y vemos los resultados. Hemos parado la ampliación del estadio Santiago Bernabeu, en la Castellana porque tenemos herramientas jurídicas y técnicas que nos ayudan.

¿Cómo empiezas a interesarte por las vías pecuarias?
Fue por la Cañada Real Galiana. Una persona llegó a Aepden exponiendo el problema de ocupación y degradación. Cuando fui allí, me quedé impresionado y eso que no era nada comparado con lo que hay ahora. Como no tenía experiencia, contacté con la Coordinadora Ecologista Pacifista Gaditana que trabajaba en vías pecuarias y me pasó mucha información. Luego conocí al cantautor El Cabrero, un gran defensor y conocedor de estos caminos. Con la ayuda de ambos pude enfrentarme al problema de la Cañada Real.Me ayudó mucho el hecho de estudiar Geografía, una disciplina muy territorial. Con el tiempo fui ampliando mi trabajo hacia el resto de caminos públicos: plataformas de ferrocarril, caminos municipales, caminos y servidumbres del Canal de Isabel II, etc. Y así, poco a le tomé cariño y se convirtió en mi tema. 

¿Qué aprendiste de los años que viviste y trabajaste en América?
Sí, desde 2001 a 2009 viví en diferentes países de Centroamérica y América del Sur. Entre 2009 y 2012, seguí trabajando pero con estancias más cortas. Fue una vivencia muy enriquecedora. Me ayudó a ver el mundo de otra manera y me ha dado la posibilidad de comparar. Allá todavía queda naturaleza, acá nos queda una muestra exigua. Me di cuenta y me pregunté ¿qué hemos he-cho?. Pero a pesar de esta situación, seguimos destruyendo lo que nos queda con grandes infraestructuras, complejos residenciales, hoteles en la costa, etc. La forma de trabajar también es diferente, es más realista porque hay menos recursos y lo poco que hay tiene que aplicarse a las directrices estratégicas. Aprendí a priorizas y seleccionar. Además una vez finalizado el proyecto se comprobaba su sostenibilidad. Al menos esa fue mi experiencia. Aquí se despilfarra por despilfarrar.

¿Por qué es tan complicado fomentar una conciencia ambiental e involucrar a la ciudadanía?
Pienso que el principal problema es el sistema. Tiene una potencia tan grande para manipular la realidad que dificulta asumir una conciencia ambiental. Sin embargo, sí llega la idea de que se tiene un problema ambiental y creer que tú estás obligado a resolvérselo. Pero no. Yo puedo ser un facilitador, pero no la solución a todos los conflictos. Es imposible y frustrante querer abarcar mucho y no llegar. Dicho esto, también hay que añadir que nosotros cometemos fallos. Especialmente en la comunicación y en el trato a las personas nuevas.
Hilario,incansable defensor de los caminos públicos
¿Tienes alguna ilusión en el futuro?
Mientras siga el actual sistema económico, llamémoslo capitalismo pero en sentido amplio, incluyendo tanto el capitalismo de Estado (supuestos países comunistas) como el privado, no veo posibilidad de cambio. Al menos en un plazo de tiempo capaz de revertir la situación ambiental. Los problemas socioambientales se están disparando (cambio climático, agotamiento de reservas de petróleo y minerales, sequías, contaminación, hambrunas, etc) y va a llegar un momento en el que no tengan retorno. Entonces, llegaremos a lo que Ramón Fernández Durán llama la explosión del desorden. Ese título que tanto me gusta. No tengo ilusiones. No soy pesimista, soy realista. Vamos al caos pero me da igual. Yo voy a seguir aportando mi granito de arena para retrasarlo lo más posible.
Hilario, incansable defensor de los caminos públicos